Cualquier persona observadora que
pasee por las calles de Zalamea habrá reparado en la existencia de unos pilares
en forma de prisma cuadrangular culminados por una cruz, que en general, aunque no todos, se encuentran
empotrados en la pared de una casa. Quizá alguien haya sentido curiosidad
y se haya preguntado qué hacen allí y cuál es su origen.
Pues bien, en este artículo vamos a
tratar de dar respuesta a algunas
cuestiones relacionadas con estas cruces y su posible origen, así como la
función que realizaban, ya que puede que
todas no sean de la misma época ni cumplieran el mismo cometido.
Hemos localizado en Zalamea cuatro de
ellas que se encuentran en un buen estado y dos que se conservan parcialmente,
una de estas prácticamente desaparecida, conservándose sólo la cruz en el
interior de una ermita. Las cuatro primeras están en los siguientes lugares: una
en Calle Ruiz Tatay, justo encima del altozano; otra en la calle San Sebastián,
en la acera frente a la ermita de la Pastora; la tercera al comienzo de esa calle cerca de la rotonda
de Pérez Cubilla; la cuarta se encuentra próxima a la ermita del Sepulcro y es la
única de ellas que no está empotrada en la pared de una casa. Las otras dos,
conservadas parcialmente, son: la que está sobre la mitad de la calle
Canterrana, en la que solo aparece el pilar y no tiene la cruz que lo culmina
que está hoy en poder de un particular; la cruz
ha sido sustituida por un columnita de época romana colocado en posición
invertida; de la segunda solo se
conserva la cruz colocada hoy en el interior de la ermita de la Pastora, que
suponemos, sin poder afirmarlo categóricamente, que debió de formar parte de otro pilar cuya ubicación
desconocemos.
Estos pilares constan de una base en
forma de prisma cuadrangular que soporta otro de mayor altura y más estrecho
que acaba en una pirámide o en un cono en el que se encuentra asentada la cruz
de hierro. La altura total oscila entre los dos metros y los dos metros y
medio. Generalmente todas están enfoscadas y pintadas con cal o pintura blanca,
excepto la de la calle Ruiz Tatay, a la que se le ha quitado el recubrimiento y
se ha dejado a ladrillo visto.
Como dijimos al principio, el origen
de estas cruces puede ser distinto según los casos. Opinamos que algunas de
ellas pudieran ser las llamadas “cruces de término” Estas cruces eran colocadas
en la Edad Media en la entrada de los pueblos que habían alcanzado la
consideración de “Villa”. Zalamea debió alcanzarla en algún momento entre 1279
y 1408, hasta entonces había sido simplemente un “Lugar”. Esto no era una
cuestión sin importancia, las “Villas” tenían cierta autonomía jurisdiccional y
sus propios órganos de gobierno. El fin de estas “cruces de término” era
advertir a los transeúntes o mercaderes que el pueblo tenía jurisdicción
propia. Las entradas principales de Zalamea en la Edad Media y principio de la
Edad Moderna en Zalamea eran tres. Una de ellas llegaba desde el sur por la que
hoy es carretera de El Romerito (aún se
puede observar en la pared que delimita esa carretera el hueco, casi
derrumbado, donde se colocaba el almojarife para recaudar los impuestos que
debían pagar las mercancías que entraban o salían del pueblo -el almojarifazgo-).
Otra accedía por el noreste entrando en el pueblo por la Fuente del Fresno, y
la tercera venía desde el oeste y hacia su entrada por la Zapatera y el valle
de San Vicente, aunque posteriormente derivó un poco más arriba, por la calle
Alameda.
Otro posible origen es que algunos de
estos pilares fueran levantados en el pasado, entre los siglos XIII al XVI, como “humilladeros”. Eran
estructuras muy similares a las cruces de término, pero estaban destinados a
que los viajeros que entraban o salían del pueblo rogaran a Dios, arrodillados,
protección y que diese buen fin al objeto de su
viaje. Son muchos los pueblos que conservan hoy estos “humilladeros” a
pesar de que las Cortes de Cádiz en 1813
ordenaron su demolición; algunos de los cuales están en el interior de una
especie de capillita sostenida por cuatro arcos. La “Cruz del Campo de
Sevilla”, que aún puede contemplarse, era uno de estos “humilladeros”.
La influencia de la temida
Inquisición fue determinante en el uso de estas estructuras como muestras de la
devoción y del sentido religioso que debía presidir cualquier acto tanto
público como privado.
Hagamos un paréntesis para referirnos
al de la calle Ruiz Tatay, que fue identificado durante mucho tiempo como el
“Rollo”, que era una columna coronada
por una cruz donde se colgaban las sentencias de los alcaldes mayores o de los
alcaldes ordinarios con las penas impuestas
a los delincuentes o a los infractores de las ordenanzas. Hoy nos inclinamos a creer
que se trata más bien de una cruz de término o humilladero ya que las
referencias de la época nos hacen pensar que el “rollo” debió estar situado más
próximo al centro, probablemente al inicio de la cuesta de aquella calle, que
ha sido conocida por ese motivo durante muchos siglos como la calle Rollo.
Con el tiempo, en el del siglo XVI,
aquellos pilares terminados en una cruz, ya fuesen “cruces de término” o
“humilladeros” comenzaron a tener otro
cometido. La fundación de la Hermandad de la Vera Cruz en Zalamea en julio de
1580 añadió otra función más a estas
cruces. Fueron probablemente utilizadas, si no todas, algunas de ellas, como
estaciones de aquella primitiva procesión de la hermandad, con sus hermanos de
luz y hermanos de sangre, durante la madrugada del viernes santo, germen de
nuestra Semana Santa actual. Hoy nos preguntamos si aquellas cinco estaciones a
que hacen referencia sus antiguas reglas pudieron tener alguna relación con las
cinco cruces que hoy conocemos o se trata de una simple coincidencia; también
pudieron ser objeto de alguna ceremonia
durante las fiestas de exaltación de la cruz que esta misma hermandad celebraba
a primeros de mayo. No hay que descartar tampoco que alguna fuese construida
con ese motivo.
Posteriormente, pudieron formar
parte, probablemente, de las estaciones del antiguo Vía Crucis, fundado en 1750
por Fray Mateo de Ávila, anterior al que hoy se practica, fundado en 1776.
Desde luego lo que sí es evidente es que la actual Vía Sacra ha utilizado como
una estación más el pilar y la cruz situada a la entrada del pueblo por el
oeste que se encuentra antes de acceder al Sepulcro desde el cabezo de Martín.
A la espera de hallar documentación
que determinen con exactitud su origen y función, solo podemos elaborar
hipótesis, relacionándolas con hallazgos similares encontrados en poblaciones con
el mismo contexto histórico o con los estudios existentes sobre construcciones
de parecida factura.
En cualquier caso merecen ser valoradas
y conservadas como testimonios vivos de la historia de Zalamea desde la Edad
Media y cuya interpretación sigue planteándonos un reto a todos los zalameños.
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