viernes, 4 de septiembre de 2026

LOS PILARES CULMINADOS EN UNA CRUZ DE HIERRO EN ZALAMEA.


Cualquier persona observadora que pasee por las calles de Zalamea habrá reparado en la existencia de unos pilares en forma de prisma cuadrangular culminados por una cruz, que  en general, aunque no todos, se encuentran empotrados en la pared de una casa. Quizá alguien haya sentido curiosidad y  se haya preguntado qué hacen allí  y cuál es su origen.

Pues bien, en este artículo vamos a tratar de dar respuesta a  algunas cuestiones relacionadas con estas cruces y su posible origen, así como la función que realizaban, ya que puede que  todas no sean de la misma época ni cumplieran el mismo cometido.

Hemos localizado en Zalamea cuatro de ellas que se encuentran en un buen estado y dos que se conservan parcialmente, una de estas prácticamente desaparecida, conservándose sólo la cruz en el interior de una ermita. Las cuatro primeras están en los siguientes lugares: una en Calle Ruiz Tatay, justo encima del altozano; otra en la calle San Sebastián, en la acera frente a la ermita de la Pastora; la tercera   al comienzo de esa calle cerca de la rotonda de Pérez Cubilla; la cuarta se encuentra próxima a la ermita del Sepulcro y es la única de ellas que no está empotrada en la pared de una casa. Las otras dos, conservadas parcialmente,  son:  la que está sobre la mitad de la calle Canterrana, en la que solo aparece el pilar y no tiene la cruz que lo culmina que está hoy en poder de un particular; la cruz  ha sido sustituida por un columnita de época romana colocado en posición invertida; de la  segunda solo se conserva la cruz colocada hoy en el interior de la ermita de la Pastora, que suponemos, sin poder afirmarlo categóricamente, que debió de formar  parte de otro pilar cuya ubicación desconocemos.

Estos pilares constan de una base en forma de prisma cuadrangular que soporta otro de mayor altura y más estrecho que acaba en una pirámide o en un cono en el que se encuentra asentada la cruz de hierro. La altura total oscila entre los dos metros y los dos metros y medio. Generalmente todas están enfoscadas y pintadas con cal o pintura blanca, excepto la de la calle Ruiz Tatay, a la que se le ha quitado el recubrimiento y se ha dejado a ladrillo visto.

Como dijimos al principio, el origen de estas cruces puede ser distinto según los casos. Opinamos que algunas de ellas pudieran ser las llamadas “cruces de término” Estas cruces eran colocadas en la Edad Media en la entrada de los pueblos que habían alcanzado la consideración de “Villa”. Zalamea debió alcanzarla en algún momento entre 1279 y 1408, hasta entonces había sido simplemente un “Lugar”. Esto no era una cuestión sin importancia, las “Villas” tenían cierta autonomía jurisdiccional y sus propios órganos de gobierno. El fin de estas “cruces de término” era advertir a los transeúntes o mercaderes que el pueblo tenía jurisdicción propia. Las entradas principales de Zalamea en la Edad Media y principio de la Edad Moderna en Zalamea eran tres. Una de ellas llegaba desde el sur por la que hoy es carretera   de El Romerito (aún se puede observar en la pared que delimita esa carretera el hueco, casi derrumbado, donde se colocaba el almojarife para recaudar los impuestos que debían pagar las mercancías que entraban o salían del pueblo -el almojarifazgo-). Otra accedía por el noreste entrando en el pueblo por la Fuente del Fresno, y la tercera venía desde el oeste y hacia su entrada por la Zapatera y el valle de San Vicente, aunque posteriormente derivó un poco más arriba, por la calle Alameda.

Otro posible origen es que algunos de estos pilares fueran levantados en el pasado, entre los siglos  XIII al XVI, como “humilladeros”. Eran estructuras muy similares a las cruces de término, pero estaban destinados a que los viajeros que entraban o salían del pueblo rogaran a Dios, arrodillados, protección y que diese buen fin al objeto de su  viaje. Son muchos los pueblos que conservan hoy estos “humilladeros” a pesar de  que las Cortes de Cádiz en 1813 ordenaron su demolición; algunos de los cuales están en el interior de una especie de capillita sostenida por cuatro arcos. La “Cruz del Campo de Sevilla”, que aún puede contemplarse, era uno de estos “humilladeros”.

La influencia de la temida Inquisición fue determinante en el uso de estas estructuras como muestras de la devoción y del sentido religioso que debía presidir cualquier acto tanto público como privado.

Hagamos un paréntesis para referirnos al de la calle Ruiz Tatay, que fue identificado durante mucho tiempo como el “Rollo”, que era  una columna coronada por una cruz donde se colgaban las sentencias de los alcaldes mayores o de los alcaldes ordinarios  con las penas impuestas a los delincuentes o a los infractores de las ordenanzas. Hoy nos inclinamos a creer que se trata más bien de una cruz de término o humilladero ya que las referencias de la época nos hacen pensar que el “rollo” debió estar situado más próximo al centro, probablemente al inicio de la cuesta de aquella calle, que ha sido conocida por ese motivo durante muchos siglos como la calle Rollo.

Con el tiempo, en el del siglo XVI, aquellos pilares terminados en una cruz, ya fuesen “cruces de término” o “humilladeros” comenzaron a  tener otro cometido. La fundación de la Hermandad de la Vera Cruz en Zalamea en julio de 1580  añadió otra función más a estas cruces. Fueron probablemente utilizadas, si no todas, algunas de ellas, como estaciones de aquella primitiva procesión de la hermandad, con sus hermanos de luz y hermanos de sangre, durante la madrugada del viernes santo, germen de nuestra Semana Santa actual. Hoy nos preguntamos si aquellas cinco estaciones a que hacen referencia sus antiguas reglas pudieron tener alguna relación con las cinco cruces que hoy conocemos o se trata de una simple coincidencia; también pudieron ser objeto de  alguna ceremonia durante las fiestas de exaltación de la cruz que esta misma hermandad celebraba a primeros de mayo. No hay que descartar tampoco que alguna fuese construida con ese motivo.

              Posteriormente, pudieron formar parte, probablemente, de las estaciones del antiguo Vía Crucis, fundado en 1750 por Fray Mateo de Ávila, anterior al que hoy se practica, fundado en 1776. Desde luego lo que sí es evidente es que la actual Vía Sacra ha utilizado como una estación más el pilar y la cruz situada a la entrada del pueblo por el oeste que se encuentra antes de acceder al Sepulcro desde el cabezo de Martín.

A la espera de hallar documentación que determinen con exactitud su origen y función, solo podemos elaborar hipótesis, relacionándolas con hallazgos similares encontrados en poblaciones con el mismo contexto histórico o con los estudios existentes sobre construcciones de parecida factura.

En cualquier caso merecen ser valoradas y conservadas como testimonios vivos de la historia de Zalamea desde la Edad Media y cuya interpretación sigue planteándonos un reto a todos los zalameños.

 


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