miércoles, 2 de septiembre de 2026

LA FIGURA DEL PREGONERO EN LA EDAD MEDIA Y MODERNA EN ZALAMEA

 


            En una época en que no había otro medio que la palabra para comunicarse con el resto de las personas, época en la que no había imprenta, radio, televisión, boletín oficial del estado, internet, móviles ni redes sociales, la existencia de alguien que comunicara a los ciudadanos  las decisiones de las autoridades municipales o las noticias de interés general, de alguien que oficialmente cumpliera esa función era fundamental. Y ese alguien era el pregonero. Una figura que ya era conocida en la antigüedad clásica, especialmente en el mundo romano como el “praecones” derivado del verbo latino “praeconare” cuya significado es dar a conocimiento público una noticia.

            Veamos como aparece esta figura en la España Medieval. Las primeras referencias al uso del pregonero para divulgar noticias aparecen en el  Poema del Mio Cid cuando se refiere a una especie de bando que Rodrigo Díaz de Vivar ordena divulgar en los territorios bajo su dominio en Navarra y Aragón; en el reino de Castilla en el Fuero Viejo de Alfonso  VIII, a principios del siglo XIII, aparecen también referencias en las que se especifica el lugar donde debían realizarse el pregón y la forma: “a grito herido”, es decir en voz todo lo alto que fuera posible; y  finalmente también se menciona en el Código de las Siete Partidas de Alfonso X el Sabio, de mediados de ese mismo siglo, en el que se establecen algunas de las funciones del pregonero, entre las que estaba acompañar al reo a cumplir el castigo, revelando el delito y la pena impuesta.

            Generalmente la difusión hecha por el pregonero, que en ocasiones era denominado como el corredor público, debía ser certificada por un escribano que daba fe de que el texto había sido puesto en conocimiento del pueblo.

            Pero veamos cuando aparece en Zalamea y las referencias que hay en nuestro pueblo al pregonero y su cometido.

            Las primeras noticias nos llegan en las antiguas reglas de la hermandad de San Vicente en 1425. En ellas se hace mención específica al pregonero en el capítulo 14 cuando al hablar del arrendador de las tierras y casas de la hermandad se dice concretamente “…el tal sacador en que se rematare las tierras y casas sean obligados a pagar los dichos pregoneros y el escribano porque no han de pagar los priostes cosa ninguna y así se ha de pregonar” Quedaba claro que había que publicar el acto de arrendamiento y para ello se hace uso del pregonero y del escribano que debía certificar tanto el acto del pregón como los documentos de arrendamiento. Tenemos, pues, aquí la primera referencia documental a la existencia del pregonero en la Edad Media zalameña.

            Mas tarde en la Ordenanzas Municipales de 1535, aunque entre los cargos y oficios municipales no se menciona al pregonero, sí hay varias referencias al uso de esta figura. Entre los cargos municipales, en las ordenanzas, sólo se concreta la existencia, además del alcaide mayor, de dos alcaldes ordinarios, cuatro regidores, un mayordomo y un alguacil, el escribano era una función que se ejercía por turnos. ¿Quién pregonaba entonces? Tomaremos esa cuestión más adelante. Ahora nos referiremos a los capítulos donde consta la necesidad de hacer pregonar algunas cuestiones.

En primer lugar en el capítulo 8 se hace mención a poner en pregón la carnicería. El oficio de carnicero no era cuestión baladí y existía una carnicería que era controlada por el concejo y regulada en las propias ordenanzas por lo que había que dar publicidad mediante un pregón a los vecinos interesados a hacerse cargo de ellas.

 Por otro lado en el capítulo 68, referido a cuando se deben sacar las colmenas se establece “…que todos los que tuvieren colmenas que las saquen…dentro de los ocho días primeros desde que fuera pregonado”. La explotación de las colmenas, de las que se extraía miel y cera, era uno de las actividades económicas de más importancia en la Zalamea del siglo XV, XVI y XVII, y eran muchos los zalameños de la época que vivían de esta actividad, pero estaba regulada su práctica y la forma en que debía llevarse a cabo. Se pregonaba los periodos en los que los colmeneros podían sacarlas para no dar ventaja a nadie  y tenían un plazo de ocho días para hacerlo.

También en el capítulo 72 “De cómo han de salir los vecinos cuando se soltare algún fuego. En él se determina  que “…cuando acaeciere que se encienda un fuego, luego que los alcaldes, mayordomo o regidores lo supieren, lo hagan pregonar”  El fuego era el mayor peligro para los terrenos de propio  o comunales por lo que suponía de destrucción de una de las principales fuentes de riqueza de los zalameños de aquel tiempo. Se recurría entonces al pregonero para avisar de inmediato a los vecinos para que obligatoriamente saliesen todos los mayores de 14 años a apagarlo. Se recurría si era preciso a tocar con insistencia las campanas de la iglesia. Por cierto, costumbre que perduró hasta mediados del siglo XX.

Hemos hablado de la importancia de los terrenos de propio, entre los que se encontraban las enormes dehesas, base fundamental de la subsistencia de nuestros antepasados. Las ordenanzas establecían como debían cuidarse y apercibir  a los vecinos de su obligación de salir a acrecentar los encinares. Apercibimiento que se hacía lógicamente a través del pregonero, igualmente se hacía con el cuidado de las dehesillas o  dehesas de menor tamaño.

            De la misma manera se procedía con las “almonedas” es decir con la subasta pública de una función municipal, como era la guarda de la boyada, la manada de bueyes, donde los vecinos dejaban sus reses para ser cuidadas y llevadas a pastar. También con la recaudación de las rentas de la alcaidía. Todo ello debía hacerse con las debidas garantías de información para todos los interesados, y la forma de hacerlo era mediante el pregonero.

            En los siglos XVII y XVIII se hacía ya  un uso habitual de este personaje. Era el método para dar a conocer los “autos de  buen gobierno” es decir la órdenes o decisiones que toma el concejo para regular la vida ordinaria de los habitantes de Zalamea, decisiones que abarcaban asuntos muy diversos, desde el horario  de cierre de las “panillas”, establecimientos donde se vendía vino, vinagre y aceite, hasta las horas límite en la que la gente podía andar sola por las calles,  por lo común hasta las diez en invierno y las once en verano. Pues bien, estas decisiones eran dadas a conocer por el pregonero, normalmente en la plazuela de la iglesia, lo que seguramente es hoy el porche, a la salida de misa. Téngase en cuenta que en aquel entonces la misa del domingo era un acto obligatorio al que asistía prácticamente la totalidad del pueblo. La realización de este  pregón se hacía constar después en las actas mediante una certificación del escribano dando fe de su publicación.

Dejamos antes en el aire quién hacía las funciones del pregonero en los siglos XV y XVI. En localidades de mayor envergadura tenemos constancia de la existencia de esta figura como un oficio municipal, sin embargo en nuestro pueblo no hemos encontrado en ese periodo datos de alguien expresamente designado para cumplir esa función. Puede que debido a que no era necesario porque eran contadas  las ocasiones en que debía pregonarse un asunto. Posiblemente este cometido la cumpliese algún regidor o más probablemente el aguacil. No obstante en el siglo XVIII, quizá por el uso frecuente de esa figura para dar a conocer los acuerdos municipales es posible que ya hubiese designado alguien para cumplir con ese menester. Así, a través de una de esas certificaciones en las que se hacía constar el acto del pregón, en el año 1752, nos ha llegado el nombre de uno de los pregoneros. Se llamaba Juan Martín Garrido

Los lugares y horas en los que se hacían pregonar los bandos o avisos eran en los que habitualmente había concentración de personas. Los documentos nos hablan concretamente de “la plazuela de la Iglesia a la salida de misa, o después de los oficios divinos, en la calle de la plaza y otros sitios de  pública concurrencia, fuentes, mentideros….etc

            Aunque no tenemos constancia documental de cómo se desarrollaba el acto, para que podamos hacernos todos una idea describiremos a continuación un pregón que no debía ser muy distinto a lo que narramos  seguidamente:

            Un domingo, después de los oficios religiosos, el pregonero se sitúa en el porche de la iglesia, toca repetidamente un cornetín para advertir a los vecinos de que se va a comunicar algo de interés general y después de ordenar callar el alboroto lógico de la chiquillería tras un largo periodo de silencio y quietud en la misa, el pregonero, a grito limpio, para ser bien oído por todos,  proclama, haciendo pequeñas pausas para interesar al auditorio: “…se hace saber a todos los que esto oyeren… que el concejo de la villa de Zalamea la Real ha acordado en fecha 3 de febrero del corriente año de 1752,… que en adelante… los panilleros de aceite, vino y vinagre y los sitios y estancos de aguardiente… deberán cerrar todos a la misma hora… y si no lo hicieren se les aplicará una pena de dos ducados de vellón y cuatro días de cárcel.”  Desde allí se desplazaría a la calle de la plaza para volver a repetirlo.

            El texto del anterior pregón se corresponde con un auto de buen gobierno real que se tomó y mandó pregonar  después de constituido el nuevo concejo el 3 de febrero de 1752; los cargos municipales,  como es sabido, se renovaban en aquellos tiempos, anualmente a primeros de enero,.

            Hemos intentado en estas líneas poner de relieve la importancia de una figura tan esencial en la vida de una población en la Edad Media y Moderna. En la actualidad, aunque hemos tenido referencias de localidades que han mantenido casi de forma testimonial el personaje del pregonero hasta el primer tercio del siglo XX, en la práctica este oficio ha desparecido ante la fuerza de otros sistemas de comunicación más efectivos y rápidos y ha quedado sólo como una figura empleada para exaltar la celebración de actos y conmemoraciones, en Zalamea concretamente para la Semana Santa, El Romerito, y el pregón taurino como preámbulo de feria.

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